Se calcula que un 10-20% de la población general desarrolla con el tiempo venas varicosas en la parte inferior de las piernas. Esta afección es mucho más común en personas mayores de 50 años con sobrepeso  y en mujeres. Tener antecedentes familiares cercanos de varices y ocupaciones que requieren largos periodos de permanecer de pie o sentado son factores de riesgo para desarrollar esta patología.

El edema persistente en miembros inferiores al que se asocia dolor y en casos de graves cambios en las características de la piel que la hacen más susceptible a la lesión (dermatitis: piel seca, con pérdida de la turgencia) y úlceras crónicas.

Radiografía de vena varicosa

Tratamiento convencional

El tratamiento de esta patología está basado en la severidad y la naturaleza del cuadro. Los objetivos del tratamiento  son disminuir el edema y el disconfort, mejorar la calidad de la piel, remover las venas varicosas dolorosas y curar las úlceras.

Medias o vendas elásticas, fortalecimiento de los músculos de los miembros inferiores y controlar el sobrepeso, son parte del tratamiento inicial. En casos superficiales puede realizarse escleroterapia o ablación térmica localizada. En los casos de varices más profundas la cirugía es una opción.

Las úlceras generadas a partir de insuficiencia venosa suelen ser difíciles de tratar y reticentes a cerrarse en casos extremos se llega a la intervención quirúrgica con resultados variables.

Tratamientos celulares

Frente al fracaso de los tratamientos convencionales tanto en el control de los síntomas como en la reparación del tejido dañado, en los últimos años se han surgido con diferente grado de éxito diferentes terapias que tienen como principal objetivo controlar el proceso inflamatorio y facilitar la regeneración del tejido.

Células madre mesenquimales

El factor común de estas terapias es que son mínimamente invasivas y que utilizan en forma potenciada los mecanismos propios que tiene el organismo para controlar el proceso inflamatorio. Entre los más comunes pueden mencionarse:

[:es]células madre para terapia celular[:]

Las células mesenquimales (células madre) obtenidas tanto de la grasa como de la médula ósea, han demostrado un efecto antiinflamatorio y vasodilatador. Por ello la infusión directa de estas células por inyección intraarterial ha demostrado mejorar la calidad de los vasos arteriales a partir de la remodelación de la microvasculatura.

Si a las células madre no diferenciadas se le agrega una población de linfocitos activados con proteínas específicas de pared vascular y células madre pre diferenciadas en el laboratorio a progenitoras vasculares, no solo se mejoran las condiciones bajando la inflamación de los tejidos y vasodilatando, sino que también se aporta la materia prima necesaria para generar vasos nuevos y así mejorar la llegada de sangre a los tejidos comprometidos.

Los procedimientos para la obtención de las células y su infusión son mínimamente invasivos ya que no se requiere anestesia y son ambulatorios. Las células que se utilizan son propias de cada paciente, lo que significa que no hay riesgo de rechazarlas y como se obtienen de recursos renovables pueden realizarse tantas aplicaciones como cada paciente necesite de acuerdo con su estado clínico y a la respuesta.

Luego de aplicar las células el primer signo de mejoría es la disminución progresiva del dolor y progresivamente se evidencian signos de mejora en la perfusión de los tejidos.

Células autólogas

Sin posibilidad de rechazo corporal o sobrecrecimiento

Ambulatorios

Los procedimientos no requieren hospitalización

No invasivos

No involucran instrumentos que rompen la piel o que requieran cirugía

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